Conversaciones con el león

...sería la casualidad la que estuviese fuera del mundo, pero no es así. La casualidad también es lógica: la mística es lógica (1, 1, 1), y el silencio es lógico también (0, 0, 0).
No puedes salir; la ciencia no puede salir, el místico no puede presumir: hasta es posible que le tenga que preguntar a la ciencia (no lo va a hacer, seguro). Ambos son sordos, ciegos y mudos, a no ser que se decidan a ser Dios (a ser buenos, y sin miedo al Devenir).
La ciencia es devenir natural y sobrenatural, por aquello de que Dios habla al hombre con palabras de hombre y al modo humano... siento tener que decir que la ciencia son palabras de hombre; tambén digo que son de Dios.
Evidentemente, la superchería no puede aceptar esto: siempre dirá que Dios habla con palabras de Dios, y que el Hombre habla con palabras de Dios por casualidad... (Dios es Dios por casualidad). Esa casualidad (el Espíritu Santo) la ponen fuera de la estructura lógica del mundo, y hacen trascendente la moralidad e intrascendente a la ciencia (ambas son una y la misma cosa, porque ética y estética son lo mismo: un ojo que le habla a una boca, y no a una oreja). Eso es algo parecido a un comisariado astrológico, una completa amputación de la definición Divina del Hombre y la muerte del Profeta (que yo llamo antiproyección).
Como las distancias no se pueden medir, por eso el profeta es un hombre concreto.
Así viene Dios: si el místico le pregunta a la ciencia, le pregunta por quien ya ha llegado; si es al revés, pregunta por quien está por venir desde fuera de la estructura lógica del mundo: alguien a quien no entenderíamos nunca, dijera lo que dijera, al igual que no entenderíamos a un león si supiese hablar:
Nadie se había quedado aquí, ni siquiera el Espíritu Santo.
Menos mal que estabas tú.
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