El hombre inefable

Una buena creencia en Dios no debe resolver la problematicidad del mundo, ni de la ética, noética u ontología. Una buena creencia en Dios es parecida al ateísmo. Ni tiempo, ni cielo, ni suelo; pero sí luchar en el vacío y en la oscuridad del Misterio, con la valentía del profeta. Este es uno de los principios de la verdadera humildad, que denuncia el abuso de la doctrina y la fe en un dios contra el Inefable por parte del aterrorizado conservador.
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