El banquete celestial

Hegel intenta solucionar el problema de la autoconciencia como necesitada de otra igual, necesidad que es donada con amor por la autoconciencia, y con eso hace depender el amor de la comunidad (o de la multiplicidad). Esto es lo mismo que aquello de la comunidad como contrario necesario para el devenir individual. Pero el devenir es perpendicular al ser, y solo se produce por el cumplimiento de la Profecía en el Acto, también normal al ser.

El Devenir y la esencia del amor contrario es autosuficiente no por desprendimiento o generosidad, sino por imperativo categórico de santidad en el cumplimiento de la profecía en el Acto. Es Dios mismo, que no necesita a una cosa llamada comunidad. La fe se torna reconocimiento del camino válido de las autoconciencias: Dios viene a comerse al hombre, pero no en una vorágine de odio y de pecado (la proposición) sino de autoconciencia (la figuración). Este es el mejor sentido que se puede encontrar a la parábola: *...haced lo que ellos digan, no lo que ellos hagan*. Aquí se muestra claramente qué hace la antiproyección con la proposición: GENERA LA VALENCIA CONTRARIA A LA VERDAD ABSOLUTA.

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Si el Acto trascendental se da en el acto segundo aristotélico (el operativo), quizás la *conciencia buena* de Hegel sea más bien el espacio en el que deben reconocerse dos conciencias, y solo es esta condición la que parece darle naturaleza de *universal*. Sería el campo de la posibilidad para firmar contratos. El lenguaje aquí actúa como espacio de posibilidad pero no como acto segundo (la conciencia buena no es profética). Una vez establecida la conciencia buena por ambas partes, los contratos se escribirían con actos segundos en modo de proposición. Habría dos lenguajes ordenados: primero entra el de la conciencia buena (espacio lógico o, si se prefiere, espacio metalógico), y luego los actos segundos de los contratos (un solo lenguaje) (lo operativo). Esta conciencia buena más parece una herramienta para vivir en comunidad. Pero es en los contratos proposicionados donde se dan las dos posibles salidas a 90º, según los modos de figuración de cada autoconciencia (dos modos de figuración). Si es así, seguiríamos con el mismo problema: el acto hace explotar el objeto en lo que es el caso en dos direcciones a 90º, una es la de lo dado-construido y otra es la de lo construido-devienido... razón y naturaleza solo ven a Dios en el Acto, que es la sima infinita de la autoconciencia...

Cuando la gente quiere salvar la riqueza sobre las desgracias de esta vida, es como cuando los filósofos quieren salvar la razón frente a la naturaleza.

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Paradójicamente el amor cristiano se cumple en el Hombre con olvido del yo y del otro, que es el fundamento de la santidad (amar a Dios sobre todas las cosas y al otro como a tí mismo). Hegel lleva razón en que esto es avance por contrarios. Amo si me olvido de mí y del otro, y solo veo a Dios. Por eso es tan fácil odiar pensando que uno ama a Dios o al Hombre...

El Acto se va configurando por los hechos, como el rayo a la tormenta. El hecho puede ser un hecho *puesto ahí* por el hombre, porque puede y tiene esa libertad (o no tiene esa contingencia. El hombre tiene la misma libertad que Dios, pero puede ser total o parcialmente contingente para ello), o bien un hecho lo pone un hombre como vehículo del movimiento natural de la comunidad (meteoro). Este último caso es el de los antiproyectados (bien como depredador, bien como víctima). Un hecho puesto por la naturaleza es un hecho puesto por las fuerzas de la naturaleza, y en el plano del ser el vector fuerza lo pone la antiproyección, que ya vimos en El problema de la comunidad.

Esta es la parábola del sembrador: el sembrador (el deviniente) pone la semilla y la cizaña la pone el viento (el meteoro).

Para saber sobre qué vector está usted, debe preguntarse si su pobreza es irredenta (su pobreza no es profética contra la riqueza) o redimida (su pobreza o su riqueza son proféticas contra la riqueza):

  • Cumpliendo la ley te salvas,
  • Si quieres ser perfecto tira lo que tienes,
  • Al que no tiene se le quitará incluso lo que tiene.

Más o menos lo anterior es decir: de tí no quedará nada. Jesús de Nazaret te comerá... Después de todo se ha tirado toda tu vida deviniendo por tí... Tanto ha sido así, que de tí no ha quedado nada, ni tú eras nada.

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