La casa del Padre

Que el acto segundo está hundido en la Otredad se muestra en la manifestación contradictoria de la operación, independientemente de la razón. Esta es la perpendicularidad moral-naturaleza. Pero esto no es una paradoja dentro del ser (el ser conocido) sino una doble naturaleza del ser en su identidad materia=espíritu. No habría otra forma de decir que Dios es un Dios de vivos.
Todo esto habla de una naturaleza Misteriosa ya presente; de un devenir del absoluto en lo concreto, o movimiento del absoluto; de un juicio definitivo en lo concreto, incluida la cosmología y el ser concreto (al que mucho se le da... y al que mucho ama, mucho se le perdona...); y de la figura paradójica de Jesús de Nazaret, que viene a ponerse en el ser en nombre de los que son incapaces de devenir porque han caído en el lado oscuro de la ambivalencia lógica y cosmológica (sicológica-proposicional), respetando a los devinientes de toda la vida, a los que da cumplimiento, como es el caso de los profetas.
La única manera de resolver la perpendicularidad razón-naturaleza es a través de la Ley profética, sea de la parte de la cosmología que sea (recordamos que la cosmología siempre es expandida). La libertad debe quedar intacta en los viajes de la autoconciencia hacia dentro o fuera de sí (de Dios al ser visible y al contrario). Podemos andar libremente por la casa del Padre.
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La identidad materia=espíritu puede significar la identidad unidad=multiplicidad en la autoconciencia.
Dios se determina a sí mismo en la autoconciencia del hombre bajo la forma que a Él le de la gana: Verdad, Razón, Fe, Error, Absoluto, Contingencia... Todo le aprovecha. Por eso quien con Él no recoge, desparrama.
Para el aterrorizado conservador la contemplación de la Verdad es un paseo campestre cuyo paisaje está formado por una complejidad incomprensible en movimiento: aire, ríos y árboles, pero en la que está determinado a tomar una merienda.
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El tiempo no abate la autoconciencia. La Cosmología no abate el Acto. La proposición no abate la Verdad.
Para cambiar está claro que hay que dejar de ser hombre, para ser Dios.
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