Devenir y el sentido de la proposición

La paradoja del devenimiento es si la totalidad materia=espíritu no está constituida por otra substancia que no sea la substancia del mundo. ¿Cómo es posible hablar de cosas diferentes de estas: de Dios por ejemplo? La respuesta debería ser: la Otredad la genera el ser, y a Dios lo crea el hombre ¿Y qué? ¿No será esta la verdadera fe, algo en lo que sí es verdaderamente imposible creer, como aquello de que había un tal Jesús de Nazaret que decía que era Dios? ¿Algún problema para la soledad o la contingencia?

Esta es la verdadera cárcel del hombre en su identidad materia=espíritu.

¿Hay que ajustar la Verdad a los hechos o los hechos a la Verdad?

La identidad materia=espíritu parecería necesitar una verdad por los hechos, pero no es así. La única verdad que se fundamenta en los hechos es una verdad lógica, y esta verdad solo marca el espacio lógico que va de la contradicción a la tautología. No dice nada. La identidad materia=espíritu es una identidad figuración=autoconciencia, que es imposible desentrañar: es una *tautología* de la autoconciencia, ocupa totalmente el *espacio lógico* de la autoconciencia. Esa es la verdadera mudez del hombre. La única salida que le queda de esa cárcel es el Acto, donde su libertad salvaje interior se muestra como libertad de Dios (de la abundancia del corazón habla la boca. En esta proposición, Jesús de Nazaret deja entrever la imposibilidad real de hacer lo contrario, como diciendo que Él SIEMPRE VE la hipocresía, voluntaria o involuntaria, como en la gran parte de los casos de antiproyección). La Verdad depende del modo de figuración, así que los hechos están siempre *después de la autoconciencia* (Dios entra por detrás del plano del ser y sale por delante del Acto). Si los hechos se ponen antes de la autoconciencia, la Verdad pierde su sentido figurativo y se convierte en antiproyección. La antiproyección es una enfermedad de la autoconciencia. Es una enfermedad figurativa. Por eso Wittgenstein, como muchos otros pensadores dice claramente que el mundo de los felices es distinto del mundo de los infelices (Wiitt. 6.43).

Esto significa que no hay que dibujar la Verdad con los hechos, sino con los objetos, con la sustancia del mundo. Esto es lo que hace a la Verdad proposicionable, incluso en la misma ambivalencia (Wittgenstein decía que esa Verdad se encontraba precisamente en lo que no se dice, dicha una proposición, como queriendo decir que la Verdad se muestra en lo no dicho en la proposición) ya que el sentido (la dirección -->contradicción-->objeto-->proposición) se ha aplicado *antes* (que quiere decir *fuera del mundo*). Esta es la causa de que filosofar sea repetir: Lo único que se puede inventar es la forma de figuración; con esto aparecen nuevas proposiciones lógicas que van modificando convenientemente para Dios la estructura del mundo (allanad el camino del Señor, enderezad sus sendas), pero no se puede cambiar la sustancia del mundo (Witt. 2.024). Esto es porque la Verdad es Absoluta a este respecto (siempre es la misma). Algo es bueno si el sentido de su proposición coincide con la Ley profética. Al final debe coincidir con el sentido de la pobreza redimida.
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Para traer lo que es el caso a la realidad (los hechos) hay antes que hacerlo a través del modo de figuración que corresponde a esa posibilidad. Pero usted puede poner los hechos sin cambiar su modo de figuración. Que eso sea mentir o no, que sea bueno o malo dependerá de que el cambio de figuración sea pactado y de que se corresponda con una Ley profética o no. Eso solo se puede saber por el modelo de contrato. Solo hay dos modelos de contrato que ya se vieron el los modos de figuración:

Cada figuración tiene un sentido distinto, cada una a 90º de la Otra, y son mundos distintos, de modo que cuando se dan todas las condiciones anteriores se puede decir que ha habido conversión.

Por ejemplo: *Condene la violencia para que haya negociación...*

Poner hechos es traer de la Otredad un hecho confluyente con el pacto entre hombres y con la ley profética: El hecho es el mismo de siempre (los correspondientes a los objetos o sustancia del mundo, que no cambia) pero viene acompañado de Devenimiento. Solo esto es lo necesario a efectos de conversión cristiana. Todo lo que se trae de la Otredad y que no pertenezca a la mera casualidad es *poner* hechos.

Estos hechos puestos pueden pertenecer a espacios figurativos distintos pero de la misma clase (partidos políticos similares), o de diferente clase (pasar de conservador a progresista o al revés). Cuando el salto es de este tipo, hay un Acto asociado. El caso es saber cuándo hay devenimiento puesto por el hombre o puesto por Jesús de Nazaret. Lo deseable siempre es que sea puesto por el hombre. El devenimiento lo pone el hombre cuando el modelo de contrato pone hechos hacia la pobreza eficiente, personal y comunitaria. De cualquier modo la personal es obligada por la Ley profética. La comunitaria depende de si la media de fuerzas antiproyectantes la barre del espacio de posibilidad de los hechos, pero eso ya sería poco importante, ya que el Devenimiento ya se ha dado, aunque no se corresponda con los hechos presentes o futuros.

Las formas de figuración y los juegos de lenguaje están clasificados en devinientes y antiproyectados, unos porque la propia figura de la realidad queda supeditada a una profecía que solo se encontrará en los desafíos de las novedades en la información (moral y ética en devenir), y otros para los que la profecía viene determinada por una forma determinada de figuración. Por desgracia todas las organizaciones necesitan una figuración determinada que, al ser comunidad a su vez determina la figuración individual, si es que quiere mantener una cohesión de tipo *productivo*. La conciencia individual tiene que estar muy atenta a que estos acuerdos de lenguaje dentro de las organizaciones, incluidas las políticas, no anulen por hipnósis los imperativos proféticos individuales (pesebrismo). Para no perdernos en disquisiciones puede enumerarlos en proposiciones de este tipo: tirarle la riqueza a los pobres, no querer a los hijos más que al Hombre Dios, amar el Devenir de Dios como autoconciencia sobre todas las cosas, y al prójimo... hay que darle del mismo alimento (no dejar de fomentar la individuación dentro de las organizaciones), etc. La multiplicidad como tal no vale nada; las organizaciones no tienen más valor a los ojos de Dios que la que pudiese tener un día de sol o de tormenta. La eficacia y eficiencia de los hombres no lo harán aumentar su estatura un solo palmo. El amor al prójimo es el camino lateral de la Vida (pago de una deuda): la vía principal es la autoconciencia y el modo personal de figuración de la realidad acorde al imperativo profético --amor a Dios en correspondencia. Recuerda que a Dios le gusta ser amado en exclusiva. Dios es un Dios celoso. También lo es de las organizaciones--. La santidad no es nada fuera de la docilidad a la profecía, por eso Juan Bautista fue el mayor de los nacidos de mujer. Hay que sospechar de los santos a los que no les cortan la cabeza. Si eso es así, el verdadero problema es saber cuándo y cómo una cabeza es cortada. Jesús no te conocerá, aunque le lleves tu cabeza en una bandeja.

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