El Regazo

El hombre pone a Dios por su Acto: «de la abundancia del corazón habla la boca». La fe no interviene aquí. Todos los hombres hablan. No se necesita la fe, sino la abunancia de corazón: «porque mucho amó, mucho se le perdonó».

Es imposible amenazar la FE, es una contradicción. Una fe amenazada es una Razón sucumbida, la salida cobarde de un corazón asolado por el odio; por un mal contrato con un Dios paganizado por un corazón podrido.

Dependiendo de la Abundancia, y gracias al Acto, la nada de un ateo es el regazo de una madre, comparada con el firmamento de un creyente.

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