Ética de Wittgenstein II

(Witt. 6.113) ... Y del mismo modo, que no pueda reconocerse en la sola proposición la verdad o falsedad de las proposiciones no lógicas, es también uno de los hechos más importantes.
Este y no otro es el límite del mundo, el verdadero horizonte místico de Wittgenstein y de Periquito de los palotes: Que el pensamiento deviene y solo puede devenir como semilla de Verdad.
La ley profética o Ley del Amor atrae hacia sí la curva vital desde la Libertad salvaje interior, con el sentido general de la proposicíón no lógica como un sentido hacia la pobreza redimida. Este es Dios andando.
Para des-Gracia de los aterrorizados conservadores, Dios no se está quieto *nunca* (nunca mejor dicho).
Contra esto tienen que decir que Dios se muestra claramente en el pensamiento como Dios Absoluto, de modo que queda determinada toda la opinión (doxa) y el sentido metalógico de todas las proposiciones (que es antiproyectar la metalógica a la lógica). Es necesario obligar y fijar una Verdad Hecho-Doxa a través de definiciones o aprioris como el de la *infalibilidad*, que, al verse desbordada por el desarrollo natural del Devenir (Dios habla de lo que la filosofía tiene aún que rescatar) elude o contrarresta la contradicción con la negación inicial y la absorción lenta, mientras se recluye la dialéctica en la urna de un supuesto *Misterio* formado por un marasmo de pensamiento complejo (la comida de las gallinas). De todo esto hay algo que no se puede esconder, y esto es el Rabo del Diablo. En ese rabo hay una campanita que repite sin cesar *Dios es rico, Dios es rico, Dios es Rico; soy rico, soy rico, soy rico...*
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