Ontomotor (o máquina para saltar el infinito)

Ahora nos hartamos de decir que la realidad siempre supera cualquier intento de auscultación científica, metafísica, filosófica... Y esto, que parece verdad, lo constituimos en paradigma... y a vueltas con lo mismo. En poco tiempo ya no vale el paradigma de una realidad inasequible y lo cambiamos por el del método interpretativo, de modo que ya no es importante si la realidad es inasequible o no o debe tener algún tipo de sentido en sí misma, sino el método que la interpreta... Y la realidad es una entidad mocosa y oligofrénica, pacífica en sí misma, anárquica y bestial, antiespiritual; con la presencia rotunda de un toro de carne de dos mil kilos. Una especie de monstruo dócil al ojo y al teorema, pero impredecible en su naturaleza. Con esta premisa, buscar a Dios en la manifestación de la realidad puede llegar a ser algo complicado.
Por el otro lado, hay quien se deja impresionar. Pero solo porque la naturaleza posee algo de imagen de un infinito puro y sin muerte, pacífico y salvado, eterno... Un leve olor a Dios. Es como una eternidad inconclusa.
Es cruel la conciencia y la contemplación de la naturaleza eterna e infinita de lo físico, solo como un rasgo de la cara, cierto aire que dice que sí, que su filiación definitiva no es la que tiene... y que nosotros formamos parte de eso.
En la ciencia pasa mucho (seamos sinceros, pasa siempre) que es ciencia de rol y ciencia de mercado. La conjugación de variables éticas dentro mismo del desarrollo y diseño del cuerpo teórico científico no se lleva a cabo.
Sí se llevaron a cabo en la antigüedad, con las prácticas de alquimia y similares. Ciencia y espíritu se daban un mal abrazo, estorbados por la magia y la religión en su lucha por una definición de Dios. Todavía coleamos con eso. No hemos sabido trasponer a Dios a la ciencia, y no ha entrado en la ecuación misma de la ciencia (medios para el Acto. Ver diagrama-recursos para el Acto). Y mira que es un símbolo con valor como cualquier otro. Valor matemático = cero o infinito. Es cero para restringir la libertad natural, y es infinito en el uso de la libertad Revelada (o sea en la ecuación resuelta). Por eso la ciencia se juzga a sí misma competente para los hechos y no para los valores, como dice Hans Kung.
Meter de nuevo los valores en el negocio (bueno, no de nuevo, casi por primera vez) debe hacerse con cuidado de que no crezca la sospecha o el temor de que acabará como el proyecto de la alquimia. Tiene que ser la nueva revolución del conocimiento. Conjugar símbolos, valores y signos éticos en sus fórmulas... Psé!
Lo malo es que (H.Kung, Existe Dios, p.776) «...la profundidad de una verdad y la seguridad de su aceptación están en proporción inversa. La ciencia vive segura con verdades insignificantes, por muy complicadas que parezcan, como la teoría de la relatividad, pero es balbuciente para verdades profundas». Desde el punto de vista de la personalidad, la ciencia es blandita, flojita, sin carácter. Ése carácter que debe demostrar en lo social. ¿O es que Dios no deja impronta en esos menesteres? Evidentemente sí. Cuando decimos que Dios penetra toda la realidad, es porque de algún modo sabemos que aparece por cualquier parte de la realidad en el quehacer del hombre (eso sí, solo en el quehacer. No creo que la realidad creada tenga mucho interés para Dios, fuera del quehacer del hombre, o del Acto del hombre con el hombre; como queráis llamarlo).
Algunas reflexiones sobre esto:
¿La variable ética puede ser un valor matemático?... Ciertos plazos de fecundación, ciertas concentraciones... Sí, esto puede ser un síntoma de que la ética es tangente a la verdad. La ética puede ser una sombra platónica.
Del gráfico solo podemos decir que ese es el orden de comienzo y funcionamiento más lógico o adecuado. No podríamos decir que la ciencia que va de 2 a 1 sea ciencia buena o que la que va de 1 a 2 sea ciencia mala. Porque todo eso depende del contrato con el hombre...
Por lo que se puede ver en estos diagramas (y en infinidad de referencias del pensamiento clásico y moderno...), el problema de fondo son los modelos de contrato... En estos modelos, Dios no interviene como parte. Realmente, meter a Dios como parte interesada es una corrupción del contrato, ya que Dios no es alguien con el que se puedan establecer Actos (casos, como dice Wittgenstein). Es un Inefable. Dios se alegra por la conversión de un injusto, pero no entra a las cláusulas del contrato del hombre con el hombre. Dios habla al hombre con palabras de hombre y al modo humano... Insistimos en la idea de Dios como oportunidad y devenir del Acto del hombre con el hombre.
Un diagrama de este estilo puede usarse con fines muy dispares, dependiendo del modelo de contrato. Estos modelos de contrato en realidad no dependen de las definiciones de Dios o del mundo, aunque en la realidad se establecen así*... Por eso todos estamos sometidos a la misericordia. Un contrato en condiciones debe ser un Inefable. De otro modo no habría recursos que funcionasen para el Acto desde el Inefable Dios (la sabiduría, la habilidad y los reflejos con la Otredad o Dios...) ni el Acto devendría a Dios, ni en el % de cumplimiento del contrato habría indicado ninguna cantidad de cambio o Metanoia, ni mi visión del mundo o mi visión de Dios avanzarían en el salto al infinito... Vuelta y vuelta, cada vez más fuerte, para saltar el espacio infinito que me separa de Dios.
*La conjugación del principio de verdad en el lenguaje está por hacer. Del otro lado, la endoconjugación del lenguaje para crear una imagen de Dios adecuada al interés es lo que siempre se hace...
La ciencia es lenguaje. Tener fe dogmática en la ciencia es tener fe dogmática en el lenguaje. Un lenguaje es una explicación del mundo y del hombre. Tener fe en una explicación del mundo es contrario a la Verdad Revelada. La Verdad se da en el Acto, y el Acto no es un lenguaje, es el punto de encuentro con la Verdad. ¿Cómo puede el científico sentirse competente para los hechos? No puede hacer tampoco esto.
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