Saltar el charco

Para que una doctrina sea deviniente tiene que ser capaz de serlo en una cosmología individual: debe des-trascendentalizar la moral asociada a esa doctrina, y de algún modo debe dejar de ser universal para remitirse a la libertad salvaje interior... Dios sigue estando en el interior. No ha salido al exterior ni saldrá para pasear por el plano del ser. Las doctrinas son las estelas de los actos dados en las multiplicidades del ser, tomados como una media. Sirven para la comunidad, pero no para Dios. Por eso decía Pablo de Tarso que la ley (más allá de la ley solo está la libertad salvaje interior) solo sirve para el conocimiento del pecado. Si hubiese sido valiente no habría proclamado tanto la lenitividad de la fe cuanto la angustia.
Pocas doctrinas pueden cumplir esto, pero si las hubiese serían la señal más esperanzada del fin deviniente de la Historia.
Kant apelaba constantemente a la validez universal para desarrollar su teoría moral. Lo malo es que esa validez es una media de las estelas de los actos individuales, devinientes o antiproyectados, o sea, una media ambivalente. Ya por esto no es universal. Menos aún lo es porque la validez es solo individual, que es donde está el charco de la Angustia que hay que saltar para darle la mano a Dios.
Los defensores a ultranza de doctrina están asustados. Les asusta Dios y el Hombre.
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