La inmaculada condición

Como dice Feyerabend citando a Galileo:... Que «ve inútil molestarse por las legiones de hombres incapaces de salir de sus paradigmas e ideas naturales sobre el movimiento...Ni siquiera tomar nota de sus tonterías». Repito; como dicen ambos, el realismo ingenuo respecto al movimiento debe ser completamente eliminado... Pues bien, paradigmas muy similares padece la ontología oficial, siempre conservadora. Entre ellas, está la ontología social. No hay manera de devenir ni de avanzar si no se destruye por completo la práctica de utilizar la herramienta por el método; esto es, de usar las categorías aristotélicas o platónicas, o llámele como le llame, para hacer pensamiento. Piense que las categorías están bien para las ciencias naturales, y a este respecto el pensamiento griego no va más allá. Son ciencias de la naturaleza, casi exclusivamente. No son ciencias del devenir o del espíritu... tal y como puede interpretarse eso...

El método de contrainducción, o cualquiera otro parecido, debería usarse para hablar del hombre que deviene con el Dios Verdadero, y viceversa.

No tengáis miedo a las condenaciones de esa legión de eleatas, asustados y petulantes. Por desgracia, siempre tenemos que defendernos de la muerte por mano de estos hombres simples e infantiles, pero letales en la adultez de sus comportamientos, y la soberbia de sus deformados espíritus. No es una gran hazaña recibir represalias o morir incluso por corregir o reconvenir a estas gentes... Es como morir a manos de un niño inconsciente, o de un tarado peligroso. En sus roles particulares, cada uno te condena o mata con su arma:

Las iglesias te matan con sus dioses validados, y te echan la condena de los gitanos, acusándote de alma perversa, pecadora y putrefacta. Rematan el crimen con la condena solemne de un pecado catalogado (tienen un dios validado, ¿recuerdas?)

Los conservadores te ponen en su solapa como un trofeo moral; esa moral que es la norma ética aceptada para la condena fácil y la depredación salvaje de todo devenir, y de los pobres, por supuesto.

Los militares se abandonan a ese Inefable de obediencia que vaga en el vacío profundo de lo ciego; donde los valores del espíritu del Hombre Verdadero son el enemigo. Cobardes ontológicos, capaces de supeditar el valor a la orden. Enemigos de Dios.

Los afectos al poder modifican de inmediato sus lenguajes prostituidos, en la búsqueda de un voto.

Como veis, en este panorama, el Hombre Verdadero merece el amor del Dios Verdadero. Porque es heroico combatir contra esta multitud alucinada de espíritus perdidos y dañinos; por más que os hayáis hartado de escuchar que el hombre es un gusano pecador que no merece nada.

Este tipo de sentencias no sirven para nada bueno. Siempre han tenido una secreta intención: conjurar las conciencias y los corazones limpios y confiados del amor al Padre de las cosas, al Dios Verdadero. Nunca puede proceder una sentencia como esta de un corazón limpio. Por eso hay tantos "santos" dañinos entre las legiones de hombres religiosos, de toda religión, que solo perpetúan el paganismo real, que coincide planamente con el confesionalismo oficial y social, como quiera que eso se llame en cualquier parte. El hombre de Dios no es nunca religioso. Como se puede fácilmente demostrar. Cristo no era un hombre religioso.

Insistimos. Dios no es un fenómeno de masas. El correlato social de las acciones no es muy importante, por más que impresione la vista de los muertos. Dios juzga y aparece en el Acto... Los correlatos sociales no son entelequias. Las consecuencias se derivan de acciones de hombres concretos. Tú y yo, por ejemplo.

El hombre de Dios vive en Gracia, no vive en pecado.
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