Sinopsis

Nos hacemos figuras de los hechos... esta es una famosa frase de Wittgenstein. Esta de arriba es una figura del mundo en su totalidad.

 

 Este de aquí abajo es el ontomotor en movimiento. Un ontomotor es un motor de ser. Los hombres ponemos el ser deviniente (a esto le llaman "apertura a lo metahistórico"); unos para devenir directamente en y desde el seno de Dios: profetas y amigos de Dios en general, lo conozcan o no :confianza desde el vacío radical, Misterio, imperativos categóricos contra-beneficio, ausencia de algoritmos meméticos (no hay una mémesis profética porque la profecía es lo que se suma a la naturaleza para devenir), estos se diría que producen superser en el ser (lo conozcan o no); y otros, los no devinientes, que producen ser en el ser (abundancia de ser, abundancia cosmológica, abundancia material y tumores de este tipo, "riqueza-eficacia-eficiencia-beneficio-algoritmos meméticos"). El modo de figuración en el seno de Dios es Misterioso, independientemente de la abundancia cosmológica. Desde la identidad materia=espíritu hay que decir que la generación material visible no es la única, y existe materia oculta que soporta el Devenir como naturaleza pura de Dios en el hombre. Nos acordamos de esas parábolas de los muertos dormidos o la del Dios de "vivos" de que habla Jesús de Nazaret...

El gran problema de todo esto es la contingencia propia del ser visible, que impide que haya un lenguaje manifiesto de Dios, también llamada Verdad. Hay un solo lenguaje, porque hay una sola identidad materia=espíritu, y Dios piensa que es suficiente para ser proposicionado. Todo dependerá del modo proposicional. El modo proposicional depende del movimiento del motorcito este llamado ontomotor. Es esta figura que aparece abajo

 

Si acordamos que el ser visible se establece en "estados de cosas", en la conocida definición de Wittgenstein, nuestra cosmología deviene en estados de cosas, según la marcha del devenir de Dios en el sentido del tiempo. Los estados de cosas se establecen como naturaleza muerta, llamada naturaleza, y como naturaleza invisible, en simbiosis necesaria. Ambas naturalezas establecen lo real y lo meta-real, lo histórico y lo meta-histórico. Esta simbiosis entre estados de cosas lógicos o naturales-proposicionales y metalógicos o misteriosos e invisibles están determinados por dos leyes necesarias: la acausalidad del mundo visible (docilidad del mundo a los modos de figuración de la autoconciencia) y la causalidad del metalógico (devenir de Dios por imperativos proféticos en dirección perpendicular al movimiento de la naturaleza). La descripción de estos dos estados que acabamos de hacer es en sí misma ambivalente, porque la proposición es incapaz de soportar una verdad absoluta, ni creo que sea ese su fin último. El fin último del lenguaje es el hablar de Dios mismo, que es un hablar del hombre mismo.

Aunque Wittgenstein dijese que no es posible hablar más allá de los límites místicos, yo personalmente no tengo otra intención. Gracias a Dios, más allá de los límites místicos no se dan esos límites. ¿Quién no acompaña a su madre en un paseo tranquilo por la ribera?

 

 

 

Intentar resolver estos dilemas de un modo permanente, de manera que pudiesen ser objeto de planificación (dependiente solo y exclusivamente de algoritmos cosmológicos o meméticos) llevaría a cualquier "parte interesada" a solicitar que le fuese presentado el  Dios Desconocido. Cuando esto no es así, porque no hace falta que sea así (no es el caso), la solución del devenir de Dios solo puede resolverse por la coincidencia profética, en una confluencia o acuerdo de las autoconciencias, de modo que la figuración del mundo visible e invisible  de respuestas al devenir en la diversidad, de forma que no entren en conflicto unas con otras. Esta máxima tendría la forma: "dos profetas son iguales". El objetivo de estas páginas es hablar de cómo se hace esta profecía de modo falso o verdadero, ayudados por el pensamiento deviniente, aquí y allá; en este y en este otro autor.
Todos los que intentan presentar a Dios de un modo permenente son sospechosos de antiproyección, argumento básico de todo este pensamiento, y que no es más que una simpleza conocida: la trascendentalización de la moral con la finalidad del beneficio, personal o comunitario. Esto que parece una máxima de primera categoría en cuanto al valor, esconde la guarida de la alimaña. El diablo se esconde metafísicamente en la identidad materia=espíritu, en las mismas categorías de pensamiento, y campa a sus anchas en el paisaje de la idea de Dios.
Gracias a Dios, el lenguaje es ambivalente y puedo condenar a mis enemigos con los mismos tipos de proposiciones.
La universalidad kantiana del imperativo categórico la cambiamos por la perpendicularidad de ese imperativo, que debe cumplirse para cualquier cosmología, y en cualquier estado de cosas. Esto no es plenamente universalidad, sino libertad de Dios, Devenir de Dios en la autoconciencia, con plenitud de Dios y de hombre, en todo hombre. Aquí no hay doctrinas. La doctrina es totalmente ineficaz para esta operación. Esta es precisamente el ancla del hombre en el seno mismo de Dios en el presente continuo.
... pendiente...

 

 

 

Explicaciones

 
Es el caso que el mundo está dividido en dos corrientes de pensamiento: progresistas y conservadores y sus infinitas variantes locales. La localidad máxima es la individualidad, que es de donde emana y a donde retorna toda esta tormenta.

En medio de esta tormenta deambula el problema de la verdad, que todos reivindican. Solo existe un lenguaje (no hablo de idioma, hablo del hablar humano con todos sus signos lógicos). El lenguaje es establecer figuras de los hechos. El hombre hace y se hace por los hechos. Las figuras lógicas de los hechos (el lenguaje) es una cosa que hace el hombre del mismo modo que se hace en matemáticas: poniendo puntos. El entendimiento entiende por el lenguaje de los hechos. Los hechos no tienen un lenguaje que ofrecer. Nosotros ponemos el lenguaje, el signo lógico. De este modo el hecho tiene poca entidad por sí mismo, salvo que el lenguaje lo haga acorde a la verdad. Esta concordancia con la verdad es lo que se reivindica de un lado y otro del mundo, o mejor, desde los dos mundos existentes. Estos dos mundos tienen modos diferentes de poner puntos, de forma que puede decirse que incluso existen dos mundos distintos, o incluso más si los hubiese, aunque en su mayoría son variantes de los dos principales.

La concordancia con la verdad no es una topología de los hechos, sino una metafísica individual del lenguaje. Desde estas páginas se defiende la idea de que la concordancia con la verdad se da en una parte existente y presente del hombre pero invisible, donde el encuentro con Dios (o con la Otredad para los no creyentes) es directa y clara. Este sitio se llama Acto (una figura alegórica de esto es la nube de Moisés). La concordancia con la verdad se da no en una forma lógica del lenguaje, sino en cierto sentido derivado de este y al que se le llamada tautología. Se le llama tautología fundamentalmente porque el hombre no puede decir cosas más allá de *el ser es* y tiene que intuir la verdad como un *sentido* en la figura lógica de los hechos. Las tautologías pueden ser alfa o beta en función del tipo de devenir que una cosmología individual produce desde su libertad salvaje interior. Las dos cosmologías que se han identificado como principales son la *deviniente*, porque establece su sentido hacia la pobreza redimida, y la antiproyectada, que establece su sentido hacia la riqueza y su pobreza irredenta derivada como subproducto. La riqueza y la pobreza son *funciones de verdad* parecidas en su funcionamiento a las funciones de verdad de Wittgenstein. Este metalenguaje es el que habla de la parte escondida de las cosmologías individuales, y que no puede ser dicho por ningún lenguaje construido. Este metalenguaje es el Devenir (origen del movimiento y el tiempo visibles). Mientras el lenguaje lógico se mueve en el espacio-tiempo, el metalógico se mueve en un eje perpendicular al anterior y por el que el espacio-tiempo tiene su sentido en sus parámetros de sujeto, objeto y movimiento. Este eje perpendicular establece el espacio de la Otredad, donde mora Dios y establece fundamentalmente el parámetro de devenir como cumplimiento del Misterio en el hombre, o Dios en el hombre. Este cumplimiento no se establece a través de ningún tipo de sujeto-objeto-movimiento llamado Dios o llamado Misterio (antiproyección) sino solo y exclusivamente a través del y en el hombre. Es por este hecho por el que se dice que el hombre tiene la misma libertad que Dios, despreciando la contingencia, o que la Verdad es mayor que Dios, despreciando la fe, o que la fe es mayor que la Verdad, despreciando a Dios... Esta es la soledad y el abandono absoluto del hombre en el plano del ser. Jesús de Nazaret hablaba en parábolas que eran tautologías alfa, pero sabía que había quien le entendía. Esa es nuestra única esperanza, la roca donde afianzar nuestra *confianza radical* como dice Hans Kung. Muchos huyen de esta agonía escondiéndose debajo del cubo trascendental que forma el plano del ser con el eje del devenir, replegándose en exclusiva hacia el plano del ser, donde todo absoluto es medible, incluido Dios. De esta forma se dedican a engordar sus estómagos hasta la hora de la muerte. Al huir de Dios y del Misterio se convierten en depredadores, y pastorean el ser. Miden el absoluto aunque haya pruebas científicas de su imposibilidad o aunque el mismo lenguaje lo prohíba. El hacer del hombre está doblado hacia el espacio del Misterio, aunque esto no le garantice el Devenir (mal llamada Salvación), pero sí le permite hacer cosas que solo a Dios están permitidas (lo que al hombre le es imposible, es posible para Dios). Si el lenguaje tuviese la capacidad de decidir lo posible o lo imposible, veríamos a Dios con solo decirlo. Antiproyectar es atraer al Dios de la Otredad para firmar contratos con el hombre: es cumplirse el hombre en Dios (antiprofecía) y no cumplirse Dios en el Hombre (profecía)...

La pobreza redimida es la que contrata y ata solo con el hombre (lo atado en la tierra queda atado en el cielo). La riqueza contrata con el hombre y con Dios. Por eso la pobreza redimida, de la que se habla a través de tautologías alfa, no necesita ningún tipo de fe trascendental, le basta con el hombre para contratar. De este modo cumple el principio de humildad e identidad con Dios: busca lo bueno en sí y en el otro, es capaz de ver y vivir la multiplicidad por el ser. La riqueza y su pobreza irredenta se dicen a través de tautologías beta: necesitan de la fe para poder tener un actor necesario en sus contratos con el hombre. La riqueza debe poder arriostrar el ser en categorías de alejamiento o cercanía a la categoría principal de Dios. No miden multiplicidad de ser sino distancias entre seres, que son en realidad un inefable y no se pueden medir.

El hombre está solo y absolutamente solo, y así deviene en Dios, porque es Dios el que tiene que cumplirse en el hombre (contratos hombre-hombre) y no el hombre en Dios (contratos hombre-Dios). Si quieres tener fe puedes pensar que la soledad del hombre es algo más que soledad.

En la lógica convencional sería tan fácil como usar una función veritativa y comprobarla en un hecho en particular. Para el negocio de la verdad, hay que asignarle además una concordancia con el Acto o el Misterio. Para los creyentes hay una función veritativa clásica, que es la pobreza redimida: que es la identidad entre la fe y el sustento y todas las identidades derivadas. La derivada principal es la profecía, que es la ley por la que la verdad se presenta como imperativo categórico. Para que este trueno no destruya al hombre es necesaria la referencia al primer hombre Dios, que es Jesús de Nazaret. Este es el que se lleva todo el trabajo de rescatar a los antiproyectados en sus formas de señor y siervo, y de guiar a los devinientes o profetas. El devenir destruye con inocencia todo el ser y la identidad entre materia y espíritu.

Puedes traducir todo esto a tu lenguaje particular sin perder el sentido. Ojalá te sirva para descubrir a la alimaña y profetices contra ella. Esto último es el afán que acompaña los contenidos de esta página.
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